
Romano Bismarck Paz (Politólogo)
Para conocer e identificar lo que piensa la gente, sus principales problemas, esperanzas y deseos no hay que recurrir a ningún gurú de la política, tampoco al instinto de los iluminados colaboradores, ni mucho menos a los círculos sociales más cercanos, más bien es preciso desarrollar investigaciones serias y periódicas, elaboradas por equipos de investigadores interdisciplinarios, especializados en estudios y sondeos de profundidad. Es que aplicar recetas criollas o prefabricadas a sociedades complejas y diferentes puede ser catastrófico, aun cuando se atraviesa por cierta tendencia internacional, es en el escenario y contexto local que se define el destino de los pueblos.
Partamos de algo básico y socialmente aceptado, en términos generales la política y los políticos tienden a ser muy aburridos, sobretodo en una sociedad como la boliviana; premoderna, arcaica, insuficiente de instituciones y valores democráticos, con preferencias electorales mesiánicas, inmediatista y autoritaria, donde priman los intereses del partido, del grupo, del gremio, del sindicato, de la comparsa, de los “con o sin” (agua, tierra, techo, disel, etc.), es natural que la ley abstracta no gobierne y el Estado de derecho se aplique solo para quienes no detentan el poder. Acompañemos esto con las mega tendencias mundiales en materia de comunicación y constataremos que el público esta acostumbrado al ocio y el entretenimiento, donde la atención de la mayoría de los potenciales electores gravita entorno a la superficialidad muchas veces mercantilizada de los medios de comunicación masiva, principalmente de la televisión (que despierta emociones verdaderas sobre ambientes ficticios), la velocidad de Internet (juegos, comunidades, chat, etc), cine, espectáculos banales y novelas para todos los gustos. En este escenario no es coincidencia ni casualidad que los grandes estadistas, con sus discursos pomposos, académicos y complejos filosóficamente hablando hayan pasado de moda y si todavía existen de por echo que nadie los escucha. Por supuesto que esta es la hora del populismo demagógico, de la trivialidad cómica y trágica, ¿acaso puede alguien competirle en este contexto al presidente de la república?, con su populismo arbitrario, informalidad espontánea y folklorismo cómico, es la viva expresión de la tendencia latinoamericana y sobre todo de buena parte de la sociedad boliviana.
En esencia no son la leyes quines hacen inclusión o justicia social, tampoco la economía por si sola que genera desarrollo, ni la ciencia política ni ninguna otra ciencia social trasforma la sociedad de forma estructural, nuestro trabajo es diagnosticar y tratar de describir la realidad en sus múltiples áreas de estudio para brindar herramientas que al fin de cuentas pueden ser bien o mal empleadas según la subjetividad de cada quien. Más propiamente es la sociedad la que cambia y se transmuta para que por inercia la acompañen las leyes, la economía, la política, la cultura, el deporte, etc. En función de lo expuesto señalo que el proyecto de constitución que será sometido a referéndum en enero próximo no es más que un saludo la bandera (Bleff).